la chispa adecuada . héroes del silencio .

la engañé con un hombre. con dos. con tres. el resto ya no me acuerdo. cogí mucho. acabé otro tanto. todo estaba pegajoso. todo olía mal. no recuerdo el día. recuerdo poco la situación que me llevó a esa blanca habitación de sábanas negras. sentí que me observaban, tomamos algo (los dos, o los tres, no me acuerdo) y todo el lugar se materializó en esa habitación. la cama estaba hecha, pero tibia. no era la primera persona en pasar por esa cama esa noche. por mi cabeza sólo pasaba una cosa, que las sábanas estén limpias. creo que nadie es tan idiota de dejar sábanas negras usadas puestas. para mi asombro estaban limpias, olían a limpio. después de un tiempo ya no. olían a sangre, sudor y lágrimas. todo olía a todos los olores de mi vida: a nafta, a plástico, a chicle de frutilla, a cine nuevo, a pegamento, a kerosén, a hinojo, a dentista, a veterinaria. cuando quise reconocer otro olor para la posteridad había acabado. todo se impregnó con ese olor. olor es como dolor, pero sin la d.

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«pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre, en quien oscuramente ve la acumulación de desdichas que un día serán las suyas. dadas éstas razones, los cronopios acuden a los famas para que fecunden a sus mujeres, cosa que los famas están siempre dispuestos a hacer por tratarse de seres libidinosos. creen además que en ésta forma irán minando la superioridad de los cronopios, pero se equivocan torpemente pues los cronopios educan a sus hijos a su manera, y en pocas semanas les quitan toda semejanza con los famas». de «historias de cronopios y de famas» por julio cortázar © 1962.

¡hazte flan!